Errores de redacción que NO son estilo: cómo evitar fallos comunes en tu escritura

Existen autores que confunden estilo con una prosa deficiente: los problemas más frecuentes relacionados con el estilo literario y cómo mejorar tu redacción con técnicas prácticas

Muchos escritores creen que su estilo se define por frases elaboradas, vocabulario sofisticado o el uso de expresiones coloquiales, pero, en realidad, estos elementos pueden ser señales de una redacción deficiente. El abuso de adjetivos, las redundancias, la falta de cohesión o los diálogos poco naturales no enriquecen tu texto, sino que lo debilitan.

En este artículo, por mi experiencia como correctora de estilo, te muestro los errores de redacción más comunes que suelen confundirse con rasgos estilísticos, y te doy las claves para lograr una escritura más clara, precisa y efectiva, y no matar de un disgusto a tu correctora o corrector de cabecera.

¿Qué es el estilo de un autor y cómo se define?

El estilo de un autor es su huella literaria, el conjunto de rasgos que hacen que su escritura sea única y reconocible. Se manifiesta, a grandes rasgos, en la elección de palabras, la estructura de las frases, el ritmo narrativo, el uso de figuras retóricas y la forma en que construye sus personajes y tramas.

El estilo no es solo una cuestión de vocabulario o tono, sino una combinación de elementos que reflejan la personalidad, las experiencias y la visión del mundo del escritor. Algunos autores tienen un estilo directo y conciso, como Ernest Hemingway, mientras que otros prefieren una prosa más rica, cercana y elaborada, como Gabriel García Márquez.

Elementos que integran el estilo de un escritor

Ya hemos dejado claro que el estilo es una huella, un conjunto de rasgos reconocibles en un autor. Para poder determinar el estilo, debemos fijarnos en los siguientes elementos, imprescindibles para conformar el carácter literario de una obra:

Vocabulario y léxico: selección de palabras (sencillas o sofisticadas, técnicas o coloquiales; cultas o vulgares, etc.).

Sintaxis y estructura (tanto de oraciones como de párrafos y estructura global de la obra): oraciones cortas y dinámicas, largas y complejas, preferencia por la coordinación, yuxtaposición o subordinación. Escenas cortas o largas, capítulos de una sola escena o capítulos de varias escenas, etc.

Voz y tono: la voz narradora (sonido que tiene la historia o «voz» que oye el lector en su cabeza mientras lee) puede ser solemne, formal, informal o coloquial. Por su parte, el tono (la actitud que la voz narradora adopta a lo largo de la narración) debe adecuarse a la voz y mostrar la emoción principal del narrador. El tono puede catalogarse como trágico, irónico, íntimo, serio, informal, moralista, melancólico, realista, etc.

Figuras retóricas: el uso preferente de figuras o recursos estilísticos en la narración también forman parte del estilo. Por ejemplo, en las descripciones, hay autores que prefieren las metáforas; otros, los símiles; algunos, las hipérboles; y muchos, una combinación de estas figuras.

Ritmo narrativo: la cadencia de las frases, la puntuación (los puntos y aparte para lograr pausas, por ejemplo) y la variación de la longitud de las oraciones, también forman parte del estilo de un autor.

Lo verás más claro con un ejemplo:

«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo. Todos los años, por el mes de marzo, una familia de gitanos desarrapados plantaba su carpa cerca de la aldea, y con un grande alboroto de pitos y timbales daban a conocer los nuevos inventos».

Cien años de soledad. Gabriel García Márquez.

De este fragmento que da comienzo a Cien años de soledad podemos deducir que el vocabulario del autor es preciso (diáfanas, prehistóricos, desarrapados), sin necesidad de recurrir a palabras rebuscadas. Además, mantiene una toque oral (aldea, carpa, gitanos) y contrastes entre términos comunes, cotidianos, y poéticos (se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, el mundo era tan reciente). Con respecto a la sintaxis, el autor narra con frases largas pero bien equilibradas, alterna coordinación y subordinación, y hace gala de una estructura acumulativa (por adición de detalles en descripciones, por ejemplo). Pese a que la voz es una voz alejada, omnisciente, el tono es evocador, y equilibra a la perfección lo solemne y lo coloquial (que aporta cercanía y distinción a lo narrado). Por último, García Márquez tiene preferencia por las hipérboles (El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo), las comparaciones (piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos) y las anáforas paralelas (Muchos años después… / Macondo era entonces… / El mundo era tan reciente…). Por último, la obra destaca por un ritmo lento, equilibrado y envolvente, que Márquez consigue con el uso de pausas estratégicas (comas y conjunciones) y gradaciones (desde la visión íntima del recuerdo hasta la visión amplia del mundo de Macondo).

¿Por qué caer en redundancias, frases pomposas o exceso de adjetivación no tiene nada que ver con tu estilo?

Pues es muy sencillo: porque el estilo de un autor es la manera distintiva en que usa el lenguaje para narrar sus historias, pero no cualquier uso del lenguaje es un rasgo estilístico. Por experiencia, hay errores que algunos escritores pueden confundir con estilo propio (y que defienden con uñas y dientes frente a una corrección). Sin embargo, en realidad, se trata de deficiencias en la redacción. Entre los más comunes se encuentran:

Redunda que redunda.
La repetición como forma de hacer que tu párrafo parezca más profesional, nunca es buena idea. Repetir de forma innecesaria un concepto, adjetivos dobles o usar sinónimos reiterativos (subir arriba, salir afuera) no embellece tu texto ni fortalece tu voz narradora. Por el contrario, recarga la narración, ensucia el texto, y lo hace menos efectivo para el lector.

Morir de pomposidad.
Si lo que quieres es un estilo elaborado, la cuestión no es recargar tu texto de frases rebuscadas o grandilocuentes. Si abusas de esto, sin un propósito claro, tu texto perderá naturalidad y se volverá tan críptico, que el lector dará cabezadas cuando te lea. Aléjate del lenguaje ornamentado sin intención artística, pues solo conseguirás que parezca artificial.

Las perífrasis y la tortuga.
¿Cuántas veces has escrito ‘empecé a caminar’ o has leído ‘procedió a tomar asiento en una silla’? En mucho casos, y a no ser que tu historia o personaje lo precise, es más eficaz decir caminó o se sentó. Los rodeos verbales innecesarios entorpecen el ritmo narrativo, lo ralentizan, y no constituyen un rasgo estilístico, sino un vicio de redacción que suele ser muy frecuente entre los autores.

El vocabulario coloquial sin intención, maruja en acción.
Hay autores que utilizan expresiones coloquiales como parte de la voz de un narrador o personaje, lo que es un recurso válido cuando, lo que se busca, es caracterizarlo. Pero al abusar de lo vulgar o descuidado en un contexto que no lo necesita, el resultado no es un estilo distintivo, sino una escritura descuidada y un tono ordinario. Especial mención tiene en este apartado la novela romántica, de corte chick lit, que puede caer en la vulgaridad por el exceso de uso de muletillas malsonantes o intervenciones chabacanas o groseras. [¡Ojo! Y que no se me enfade nadie, que soy una fanática de la romántica y de la chick lit].

No por ir antes, ganarás la partida, adjetivo de mi vida.
La anteposición de adjetivos (y en estructuras bimembres, de dos en dos, por costumbre) suele ser un mal que afecta a la mayoría de escritores noveles. Pero no hace falta que estés empezando en esto de la escritura para defender a ultranza que ese es tu estilo, un estilo propio, de corte sentimental. También le ocurre a autores y autoras que llevan tiempo en esto. No voy a detenerme a entrar en el lodazal de explicar teorías sobre la anteposición del adjetivo y cómo ha penetrado en nuestro idioma; lo que sí puedo decirte es que, a no ser que estés escribiendo poesía y que quieras reforzar el significado del adjetivo que antepones al sustantivo, evites este tipo de construcciones en tus novelas: frío amanecer, delgado y penoso hombre, amarillentos girasoles, etc.

Lista de problemas que provocan que confundas tu estilo con una deficiencia narrativa

Abuso de adjetivos y adverbios.

No recargues tu texto con adjetivos y adverbios innecesarios, lo harás menos efectivo y más pesado. Elige las palabras con precisión en lugar de depender de calificativos redundantes. Por ejemplo: La oscura y tenebrosa noche estaba muy silenciosa (mejor: La noche se sumía en un silencio inquietante).

Uso excesivo de verbos comodín.

Verbos como hacer, tener, haber o ser pueden hacer que tu texto adquiera un ritmo monocorde y uniforme. Para mejorar tu estilo, prioriza verbos más específicos que aporten imágenes claras: Hizo un gesto de enojo (mejor: Frunció el ceño).

Falta de cohesión y fluidez.

Si tu narración salta entre ideas sin conectores adecuados o sin una estructura clara, el problema no es de estilo, sino de inconsistencias en el uso de elementos lingüísticos que aportan fluidez a la narración.

Oraciones demasiado largas o yuxtaposición y coordinación sin control.

Aunque algunos escritores usan oraciones extensas como parte de su estilo (como Proust, por ejemplo), hacerlo sin dominio del ritmo y la puntuación solo crea textos confusos. Y, por otro lado, oraciones demasiado cortas y sin conexión pueden dar una sensación de torpeza, y generar un texto tipo ‘código morse’ (como yo suelo denominar este tipo de narraciones) que rompe el ritmo de manera brusca e incoherente.

Incoherencias en la voz narrativa.

Si tu narrador cambia inexplicablemente entre un tono formal y otro coloquial, o si su perspectiva se vuelve inconsistente, no es un rasgo estilístico, sino un fallo en la ejecución de la voz. Ojo, que puede ser que quieras conseguir ese efecto; pero ya estamos hablando de que reconocerías el ‘error’ y lo usarías para ejecutar una determinada técnica que produzca un desconcierto premeditado en el lector.

Uso arbitrario de sinónimos.

Cuidado con usar los sinónimos de Word para reemplazar palabras y evitar repeticiones, porque puedes incurrir en una inexcusable falta de precisión. Y es que, no siempre dos palabras significan exactamente lo mismo. Si un personaje primero anda y luego deambula sin motivo narrativo, la variación léxica no enriquece el estilo, sino que genera confusión. En este sentido, hay que tener en cuenta los matices de cada vocablo que utilizamos. Consulta siempre (por muy conocida que te sea la palabra) el diccionario en línea de la RAE y sal de dudas.

Abuso de clichés y frases hechas.

Frases como ‘su corazón latía como un tambor‘ o ‘una sonrisa de oreja a oreja‘ o ‘sus ojos eran oscuros como el carbón‘ empobrecen tu texto, porque recurren a fórmulas manidas. Dale una vuelta a tus comparaciones, metáforas, y haz tuya cada una de tus frases.

Diálogos artificiales o sobreexplicativos.

Un diálogo debe sonar natural y reflejar la personalidad de los personajes. Si es demasiado literario, forzado o redundante, se vuelve poco creíble. Ejemplo: Hermano, como tú sabes, nuestra madre murió cuando éramos niños (los personajes no dirían algo que ya saben). Ahora, cuidado con trasladar a tus diálogos la conversación tal cual sucedería en la vida real, porque eso también resta naturalidad a los parlamentos. Por último, no olvides que el lector necesita una visión amplia del escenario en el que se está llevando a cabo tu diálogo. Utiliza las acotaciones para mover a tus personajes, hacerlos interactuar con el ambiente o descubrir sensaciones que pueda percibir el lector. Trabaja su dinamismo.

Falta de variación en la estructura de las frases.

Usar la misma estructura gramatical en todas las oraciones crea monotonía. Un texto bien escrito varía la longitud y construcción de sus frases para mantener el ritmo y el interés del lector. Usa la longitud con cabeza. Ritmo rápido: frases cortas, yuxtapuestas, verbos simples; ritmo pausado: subordinación, párrafos sin punto y aparte. Además, traslada la estructura al objetivo de tu escena o de la acción del momento: si estás persiguiendo a alguien, el ritmo aumenta; si, por el contrario, estás nerviosa por llegar a la primera clase de la uni y tienes que atravesar todo el campus, el ritmo puede jugar con la pausa para crear expectación y desasosiego en el lector.

Uso incorrecto de la puntuación.

En último lugar, y no menos importante, la puntuación. Puedes pensar que para eso estamos los correctores, pero no está de más que aprendas a puntuar correctamente; puesto que un mal uso de comas, puntos o guiones puede afectar el ritmo y la claridad de tu texto. Algunos autores creen que omitir puntuación o abusar de las pausas es un rasgo estilístico, pero si la lectura se vuelve confusa, es un problema de redacción y no de estilo. Usa la puntuación en tu beneficio: un punto y aparte ofrece tiempo; una coma, yuxtaposición, ritmo acelerado; etc.


Resumen:

El estilo surge del dominio del lenguaje y de la capacidad de transmitir ideas con claridad, no de la acumulación de vicios lingüísticos disfrazados de intencionalidad estética. El estilo de un autor se desarrolla con la práctica y la lectura. No se trata solo de escribir correctamente, sino de encontrar una voz propia que conecte con los lectores. Un escritor debe buscar siempre la precisión y la eficacia en su uso del lenguaje, sin disfrazar los errores como si fueran rasgos propios.


Y recuerda: un buen estilo no se construye sobre errores disfrazados de intención literaria, sino sobre el dominio del lenguaje y la capacidad de contar historias con claridad, fluidez y autenticidad.

Créditos. Foto de Ann H: https://www.pexels.com/es-es/foto/pared-de-ladrillo-rosa-y-blanco-3147624/

Respuesta

  1. Avatar de Tu novela puede sonar mucho mejor (y te enseño cómo) – Papel pintado

    […] propósito de una corrección profesional es revelar la mejor versión del manuscrito en la voz del autor o […]

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