¿Todo el que escribe puede ser escritor?
La escritura —concebida desde el punto de vista de la comunicación lingüística— nace para representar gráficamente el lenguaje. La Real Academia Española [en adelante RAE], en su Diccionario de la lengua española, dice al respecto que la escritura
no es un simple método de transcripción de la lengua hablada. Si exceptuamos cierto tipo de escritos destinados a reproducir lo que se ha dicho (como las actas de las sesiones parlamentarias) o lo que se ha de decir (como los diálogos de las obras teatrales o de los guiones cinematográficos), la comunicación escrita se configura como un código en cierto modo autónomo, con características y recursos propios, y funciones específicas distintas, aunque complementarias, de las correspondientes a la comunicación oral.
Aun así, y pese a que el código oral y el escrito son interdependientes en el sistema lingüístico, ambos poseen su autonomía, recursos propios que solo son perceptibles en los campos en que se dan cada uno de ellos: el oral y el escrito. En el caso de la escritura, las separaciones con espacios en blanco de las palabras, la división entre párrafos, las oposiciones entre mayúsculas o minúsculas, los entrecomillados, etc., no tienen su correlato acústico.
Comunicar versus escribir
En consecuencia, si el código oral es en esencia acústico, el escrito, es gráfico. ¿Y qué objetivo persigue ese grafismo?
Fácil: comunicar.
Se escribe para comunicar. Se escribe para leer. Los textos escritos han sido concebidos para la lectura. Sin embargo, cuando esa intención deriva en despertar o conmover al que lee, se transforma en un arte; y el escritor, en ese momento, torna de escribiente a artista, y recalcula entonces su intención: no solo busca comunicar; persigue ahora ser leído, desea ser leído. De la misma manera que la escritura se forja sobre la base de la intención comunicativa —campo lingüístico—, puede derivar también hacia una forma artística, un talento, una facultad o una disposición de producir estimulación estética o intelectual en el receptor de dicha comunicación, convertido en este punto en lector.
Siendo así, es lógico pensar que la escritura —entendida como actividad artística— puede ser desempeñada por cualquier persona que escriba —respuesta gráfica al código oral—.
¿Todo el que escribe puede dedicarse a la escritura como arte? ¿Todo escritor es capaz de producir arte? ¿Todo texto escrito es susceptible de ser leído?
Dice al respecto Stephen King (2000) en su conocida obra Mientras escribo:
En el mismo sentido, y aunque tenga unas ganas infinitas de dar ánimos a cualquier persona que intente escribir en serio por primera vez, mentiría si dijera que no hay escritores malos. Lo siento, pero hay un montón. Los escritores se ordenan siguiendo la misma pirámide que se aprecia en todas las áreas del talento y la creatividad humana. Los malos están en la base. Encima, hay otro grupo, ligeramente más reducido pero abundante y acogedor: son los escritores aceptables, que también pueden estar en la plantilla del periódico local, en las estanterías de la librería del pueblo o en las lecturas poéticas a micrófono abierto. El tercer nivel es mucho más pequeño. Se trata de los escritores de verdad. Encima (de ellos, de casi todos nosotros) están los Shakespeare, Faulkner, Yeats, Shaw y Eudora Welty: genios, accidentes divinos, personajes con un don que no podemos entender, y ya no digamos alcanzar. (pp. 125-126)
King resume con objetividad la respuesta a la pregunta planteada: no todo el que escribe puede ser llamado escritor; no todo lo escrito se puede leer.
Los cuatro pilares del escritor
El ejercicio de la escritura como arte se separa drásticamente de la acepción lingüística del objeto, puesto que su propósito en el terreno artístico se mide en cuanto a la calidad de estimulación suscitada en el receptor.
La escritura, como arte, necesita conciencia, implicación y profesionalización, además de una curiosidad eterna.
Ya hemos aclarado que para que la escritura se transforme en una actividad artística, el escritor necesita tomar conciencia de su propia escritura, debe implicarse en ella, y debe convertirla en un ente de calidad. Esta tarea será menos ardua si mantiene su curiosidad intacta, sin paralizarse por los contratiempos que surjan —que serán múltiples y variados—.
Ponerse manos a la obra cuando uno quiere escribir es fácil. Tomas un papel, abres un documento en el ordenador o anotas cualquier idea en una servilleta mientras desayunas en un café idílico de la capital italiana… Un momento, vayamos al principio. Todo el mundo sabe escribir, puede escribir —en ese sentido lingüístico del que ya hemos hablado—. Pero, realmente, ¿es tan fácil escribir? ¿Escribir con conciencia? ¿Escribir conociendo de antemano las reacciones que provocarás en el lector?
Piénsalo.
En la interpretación de la escritura, entendida como un arte y no como un sistema de signos, no, no todo el mundo puede escribir. Es sencillo volcar palabras sobre una página vacía, pero resulta complicado hacerlo con intención, eliminando la casualidad, generando en el lector, con anticipación, el efecto adecuado al recibirlas. La escritura consciente no surge de la nada, se cimenta en cuatro pilares:
- intención-planificación,
- textualización-redacción,
- revisión-reescritura,
- edición-pulimento.
Sin ellos, la escritura estaría desnuda de gracia, de propósito, y el escritor no sería tal, sino que sería un simple emisor en un acto de comunicación habitual.
Conclusión
Por tanto, la escritura es un suceso artístico donde el escritor lo es de forma permanente, en palabras de José Luis Sampedro, «(el escritor) está pensando a todas horas en la posibilidad de que algo que le suceda en la vida real» pueda ser escrito; su intención es perenne y consciente, de ahí que luego su escritura se convierta en un producto artístico.
Cuando te pongas a escribir hoy, mañana o cualquier otro día, piensa en qué estás haciendo y en qué quieres hacer. Porque mejorar tu escritura pasa por ser consciente de tu arte y de tu propósito.
Créditos: foto de Jess Bailey Designs: https://www.pexels.com/es-es/foto/captura-de-pantalla-del-lapiz-negro-750913/



Deja un comentario