El poder de los miedos y las necesidades primarias.
Novia. Sometida, recóndita, sumergida, muerta.
¿Ha captado tu atención este aparente sinsentido? Lo más probable es que sí. Tu mente intenta descifrar el enigma oculto tras estas palabras. Y ahí reside la clave: activar la curiosidad del lector.
Cuando escribes una historia, el inicio no es solo una puerta de entrada, también es una promesa. Si no atrapas al lector desde la primera línea, difícilmente seguirá leyendo. Por eso, uno de los recursos más poderosos consiste en plantear un enigma inicial que active emociones profundas.
El poder de los miedos y deseos primarios
Decía Linda Seger, famosa guionista, que los seres humanos respondemos de forma instintiva a ciertos riesgos psicológicos, derivados de una serie de miedos básicos. Seger distinguía siete miedos básicos, pero nosotros hablaremos de los más notables: el miedo a la muerte, al daño físico o mental, a la pérdida de autonomía, a la separación (rechazo y abandono) y a la muerte del ego (vergüenza o humillación).
En paralelo a estos miedos, decía la guionista que el ser humano activaba una serie de necesidades para contrarrestarlos, tales como la necesidad de supervivencia, de pertenencia al grupo, de seguridad y de bienestar físico y emocional.
Cuando el inicio de una historia conecta con uno de estos miedos y activa una necesidad, el lector queda atrapado casi sin darse cuenta, puesto que son incapaces de no ponerse en la piel del protagonista.
¿Cómo detectar estos estímulos en un inicio?
Frases como «Hoy murió mi padre» o «A veces se preguntaba si aún tendría ojos» activan miedos inmediatos. En cambio, otras apelan al deseo: hambre, amor, aceptación o aventura.
Nuestra tarea como escritores consiste en reconocer estos detonantes y utilizarlos estratégicamente para activar el miedo en el lector.
Recursos para activarlos
No basta con una buena idea; de hecho, si hace tiempo que escribes, sabrás que necesitas herramientas concretas para llevarla a cabo. A continuación tienes algunas de las más eficaces para activar miedos y crear necesidades en el lector.
Nivel fonológico (sonido)
El sonido puede generar impacto inmediato. Un sonido extraño puede perturbar y enganchar.
- Onomatopeyas: Tic tac. Tic tac.
- Aliteraciones, repeticiones que crean ritmo: Soplaba un susurro sordo sobre la ciudad sin sueño.
- Cacofonías o sonidos que provocan incomodidad: Crac. / Algo se quebró al final del corredor; cosa imposible, pues yo era el último prisionero por fusilar.
Nivel léxico-semántico (significado)
La palabra es una herramienta fulminante que puede acabar con una guerra o iniciarla. Elige bien tus palabras:
- Tiempos verbales. Generan inmediatez, anticipación, condición.
- Frases breves. Suelen tener un impacto directo en el lector.
- Frases largas. Facilitan las atmósferas envolventes.
- Verbos de duda. Crean incertidumbre y ponen al lector en una tesitura comprometida.
- Imágenes sensoriales. Activan los sentidos y la vulnerabilidad del lector.
- Figuras retóricas. Intensifican el mensaje y juegan con la mente del lector.
Ejemplos: El silencio olía a hierro y ceniza. A cuerpos podridos. / La calma era insoportable [oxímoron] / Aquel día murió, pero continuaba caminando entre nosotros.
Nivel sintáctico (estructura)
La forma en que se estructuran los elementos dentro de las oraciones también comunica:
- Hipérbaton. Producen vaguedad mediante la alteración del orden lógico.
- Yuxtaposición. Suscita velocidad, riesgo inminente.
- Anáfora. Genera expectación gracias a la repetición de un elemento.
- Elipsis. Obliga al lector a completar el sentido y puede servir para jugar con la mente del mismo.
Ejemplos: Entró. Olor infecto, corrompido. Velas apenas encendidas. Ella. Ella y su mirada de reprobación. / Era tarde. Era frío. Era demasiado tarde. / Aquel grito…
Nivel pragmático (relación con el lector)
En este nivel trabajas la conexión directa con tu lector. Puedes usar herramientas de apelación, confesión, expectativas o, una que siempre funciona, la ironía o la paradoja:
- Apelación al lector: No deberías estar leyendo esto.
- Voz confesional: Te lo juro: no quería hacerlo. Esta vez, no.
- Ruptura de expectativas: Mi abuela fue la mejor ladrona de la ciudad, pero yo no le llegaba ni a la suela de los zapatos.
- Paradojas e ironías: Nunca he tenido tanta suerte como hoy: el día en que me amanecí arruinado.
Nivel textual (estructura narrativa)
El enfoque global del inicio marca la diferencia, por ello debes prestar atención a la estructura narrativa que quieres plantear, no solo a los efectos:
- In medias res (en plena acción): La sangre aún goteaba cuando llegaron los primeros vecinos.
- Gancho narrativo (pregunta o conflicto): Todo comenzó con una mentira que nadie en la sala fue capaz de desmentir.
- Contraste inicial: Era un día perfecto, y por ese motivo, resultó ser el peor día de mi vida.
- Microescenas: En el suelo, el vaso roto; en sus manos, la decisión.
- Uso estratégico de la puntuación: ¡Sacrificio!
La clave: combina estas herramientas
Cada uno de estos recursos funciona por sí solo, pero su verdadero poder surge al combinarlos con un miedo o deseo primario. Esa mezcla multiplica el impacto emocional y convierte un inicio en algo irresistible.
Conclusión
Captar la atención del lector desde el inicio requiere intención y técnica. Utilizar miedos y deseos primarios, junto con herramientas lingüísticas y narrativas, te permitirá construir comienzos que despierten curiosidad, emoción y necesidad de seguir leyendo.
Recuerda: Un buen inicio no solo cuenta una historia, sino que despertará una necesidad imposible de ignorar.
Bibliografía:
- Sánchez-Escalonilla, A. (2014). Estrategias de guion cinematográfico. Ariel.
- Seger, L. (1994). Cómo convertir un guion en buen guion. Rialp.
- Zamarripa, A. (2006). Linda Seger: La psicología en la práctica del guionista. Revista Digital Universitaria, 7(9). https://www.revista.unam.mx/vol.7/num9/art69/sep_art69.pdf
Créditos. Foto de Ann H de Pexels: https://www.pexels.com/es-es/foto/mano-de-madera-sujetando-juguete-10988654/



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